domingo, 25 de septiembre de 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
lunes, 19 de septiembre de 2011
Un momento para las bestias. Listo.
Un momento para la autodefinición:
Desde hace dos semanas vivo parcialmente separada de mi hija. Ella estudia Middle School en Estados Unidos, yo sigo en México sin un buen pretexto para seguir aquí. Lo único explicable es que me quedo en mi casa, en mi cama de sábanas rosas, tengo mi trabajo, mis mañas, mi perra (no me gustan los perros ¿sabe usted? pero la perra es de mi hija, y yo la cuido).
Mi hija y yo teníamos la costumbre de la compañía. Playa, cine, casa, trabajo, visita a casa de la abuela, ella a su videogame, yo a mi computadora, comer juntas, baño, cocina, mercado, alberca, baile tieso, música, regaño por el tiradero de su cuarto, juicios hacia mis costumbres:
--Tú en el trabajo estás siempre en la computadora y llegas a la casa a lo mismo, mamá ¿no te aburres?
La verdad es que es difícil romper con las costumbres y no me gustan los cambios. Pienso en las razones que me tienen aquí y no hay explicación. No me dan ganas de mudarme al gringo. Es todo.
Por ahora me entretengo en pequeñas misiones. La transición de exportarme incluye tediosas persecusiones burocráticas, como sacar una licencia de manejo en otro país. También es necesario comprar un carro de ese otro país y vender mi carro mexicano, tengo que buscar un lugar donde vivir, encontrar un trabajo gringo y dejar el que tengo, volver a la escuela, todo eso. Es horrible y a veces divertido.
En lo de los carros reviso suspensiones, motores, cuento cilindros, empaques, carrocería, aceites, calculo precios, tomo números de serie, leo títulos de propiedad, registros y manuales. Un vendedor me dijo que soy la primer mujer que conoce que revisa algo más que la tapicería y el vanity mirror. Le creo.
La verdad es que sólo busco entretenimiento, me hago tonta para no irme.
domingo, 11 de septiembre de 2011
Hace tiempo cada pequeña conicidencia era importante, mágica, digna de recordarse, grabarse, fotografiarse. Estos días todo es ordinario: un hombre corriendo en el techo de mi casa. Mi hija en otro país y yo en este, sola. Esperar en la frontera y encontrar a un viejo amigo, dar unos pasos y encontrar a otra amiga. Tener horribles nudos en la panza y rechazo al alcohol. Buscar apartamentos. Buscar carros. Sonreir ante el blackout y leer al lado de una vela siguiendo telefónicamente el pandemónium apocalíptico sandieguino. Pensar en lo desamparado y cómico que suena alguien diciendo:
--Nada funciona sin electricidad. Me quedé sin gasolina, tengo que colgar. Voy a empezar a caminar hacia el sur.
--Nada funciona sin electricidad. Me quedé sin gasolina, tengo que colgar. Voy a empezar a caminar hacia el sur.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Sí, algo raro pasa:
He visto hasta tres partidos de futbol en un día: Liga Europea, Liga Mexicana y partidos internacionales.
En la carretera ya no sueño; ahora veo con detenimiento los carros. Calculo rendimientos de gasolina, imagino los espacios, hasta veo los rines y las llantas.
Sólo falta que me crezca la barba.
He visto hasta tres partidos de futbol en un día: Liga Europea, Liga Mexicana y partidos internacionales.
En la carretera ya no sueño; ahora veo con detenimiento los carros. Calculo rendimientos de gasolina, imagino los espacios, hasta veo los rines y las llantas.
Sólo falta que me crezca la barba.
viernes, 9 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Sueño una frontera distinta.
Envío un mensaje de texto a la hermana de alguien. Espero en la banca frente a la cerca de metal de alguna escuela. Me voy.
Mi amiga, la que se cuelga el compromiso alrededor del cuello me busca, me dice que alguien y la hermana de alguien llegaron con ella.
Reviso mi teléfono, la respuesta al mensaje de texto es un cómic en tonos verdes, grises y ocres en el que una mujer de vestido corto y ajustado corre. En alguno de los últimos cuadros aparece un caballo negro.
Envío un mensaje de texto a la hermana de alguien. Espero en la banca frente a la cerca de metal de alguna escuela. Me voy.
Mi amiga, la que se cuelga el compromiso alrededor del cuello me busca, me dice que alguien y la hermana de alguien llegaron con ella.
Reviso mi teléfono, la respuesta al mensaje de texto es un cómic en tonos verdes, grises y ocres en el que una mujer de vestido corto y ajustado corre. En alguno de los últimos cuadros aparece un caballo negro.
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