Resolver por fin mi situación migratoria en Estados Unidos (pospuesta por desidia y desiterés durante más de diez años).
Terror al organizar el Encuentro Cultural de las Iberos y el Iteso con todos sus talleres, conciertos, presentaciones escénicas, fiestas, presupuestos, evaluaciones, reconocimientos, hospedaje. Todo, chingado. todo (y no lo vuelvo a hacer, me cae que no).
Felicidad en el cierre con Bostich y sus músicos.
Terminar el libro del Proyecto de las Morras.
Lograr que Ninis entrara a la charter school más genial de San Diego.
Desprender la costra del Bachillerato agradecida con los alumnos, los amigos y todo lo que me cambió la vida el que cuatro años atrás dos quinceañeros decidieran que yo fuera su profesora.
Preparar el terreno para la vida en el gringo (rentar depa, sacar licencia de manejo, cuenta de banco, comprar carro, etc.)
Enfocarme al trabajo en la universidad e irme haciendo a la idea de que lo tengo que dejar.
Viajar al desierto a cada rato.
Redescubrir a mi familia nuclear y no nuclear.
Descubrir que sin organización todo se puede ir a la chingada.
Decidir volver a la escuela.
Casi no ver a mis amigos.
Casi no salir.
Estar parcialmente separada de mi hija.
Escribir muy poco.
Contener las ideas.
Dudar y juzgar silenciosamente.
Adquirir un nuevo miedo: las enfermedades degenerativas (miedo surgido al ver el cuerpo de mi padre destruirse por la diabetes de manera paulatina e inevitable).
Dejar de lamentarme por lo perdido, lo no logrado, las crisis, el miedo colectivo, el pueblo, la tristeza, lo abandonado, lo nunca hecho, lo que llega tarde, lo imposible.
(algunas de las cosas que se fueron con el 2011)
