domingo, 15 de diciembre de 2013
La Ninis aporrea su máquina de escribir, ya se acabó la tinta y no le gustan las sangrías. Es rápida, escribe en inglés cosas que no me enseña. Ha empezado a hacerse autorretratos. Usa doc martins verdes que le llegan casi a la rodilla, tiene las puntas del pelo pintadas de rosa. Pocas veces peleamos, pero con su papá discute constantemente, aunque le gusta que siempre le regale aparatos electrónicos y videojuegos de última generación, en cambio yo lo único que le regalo son diarios y ropa. Es tímida. Odia a las niñas de su escuela que presumen el precio de los jeans. Le gusta leer, pero se niega a que le recomiende nada. Tiene peces en distintas peceras y los alimenta a diario antes de ir a la escuela. Cada uno tiene nombre. Le gusta ver películas viejas con su abuela. Tarda en todo, siempre la tengo que esperar, siempre es la última en salir de la casa. Se encierra en el baño a peinarse una colita en ondas suaves que le caen sobre el corazón. Después de que se peina encuentro pelitos rosas salpicados por todo el baño.
sábado, 14 de diciembre de 2013
Puto frío, man.
(vuelvo momentáneamente a Rosarito, el dulce pueblo de atardeceres rosas y camellos que salen de paseo los domingos antes de las diez, donde las vecinas barren las banquetas de las casas en las que hace poco menos de cinco años los narcos entraban a tirar bala en el desayuno. el chingado pueblo donde se me ordena la cabeza y me dan ganas de escribir gracias al aire helado que me conecta de nuevo conmigo, porque en San Diego no, en San Diego nada. no paso fríos, ni carencias, el aire es cálido, el silencio es casi absoluto, todo está a la mano, el orden hace que todo sea perfectemente predecible, pero no. en San Diego nada. hasta que llego aquí y por lo menos puedo pendejear a gusto al imbécil que le pega a mi defensa por ir moviéndole el celular, ay mis paisanos, tan rústicos y tan brutos, cómo los quiero)
Puto y delicioso frío que me engarrota las manos y me despierta toda.
(vuelvo momentáneamente a Rosarito, el dulce pueblo de atardeceres rosas y camellos que salen de paseo los domingos antes de las diez, donde las vecinas barren las banquetas de las casas en las que hace poco menos de cinco años los narcos entraban a tirar bala en el desayuno. el chingado pueblo donde se me ordena la cabeza y me dan ganas de escribir gracias al aire helado que me conecta de nuevo conmigo, porque en San Diego no, en San Diego nada. no paso fríos, ni carencias, el aire es cálido, el silencio es casi absoluto, todo está a la mano, el orden hace que todo sea perfectemente predecible, pero no. en San Diego nada. hasta que llego aquí y por lo menos puedo pendejear a gusto al imbécil que le pega a mi defensa por ir moviéndole el celular, ay mis paisanos, tan rústicos y tan brutos, cómo los quiero)
Puto y delicioso frío que me engarrota las manos y me despierta toda.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Al lado del apartamento en San Diego hay pequeño canal encementado donde algunos morros desmadrosos practican el skate. Acabo de darme cuenta que cada que oigo el tronido de sus tablas o el caer de sus cuerpos sobre el concreto me sobresalto y me asomo por la ventana porque en mi pueblo cada que escuchaba ruidos así eran balazos y muerto.
sábado, 7 de diciembre de 2013
Me sacaron el corazón, me dijo. Te voy a enseñar. Se levantó la camisa y me mostró su pecho partido, remendado, el vientre tenía dos agujeros profundos, cicatrices de algo horrible que hace dos años pasó en su cuerpo. Hacía veinte minutos que lo acababa de conocer. La conversación surgió porque mi madre le cortaba el pelo y le preguntó si quería que le recortara el bigote. Nunca supe su nombre, pero me dijo que le abrieron el pecho y que bendijo las manos y los instrumentos de los médicos y los diez asistentes que hubo en su operación, hasta el trapeador de la mujer que limpiaba los pisos. Su cuerpo fue escenario, ahora milagro o alguna cosa de esas contrarias a la lógica, a la naturaleza o al destino. ¿cómo no enseñar tamañas cicatrices? ¿cómo andar con una camiseta sobre el pecho cuando se tiene corazón nuevo y esternón soldado a mano? ¿cómo? Un hombre de pelo escaso que llega en troca blanca por un corte con su peluquera favorita.
domingo, 1 de diciembre de 2013
miércoles, 27 de noviembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
jueves, 21 de noviembre de 2013
martes, 19 de noviembre de 2013
Manejo siguiendo de manera ordenada el sistema de luces, bajo los ojos al velocímetro, no doy el paso a los peatones porque no hay. Aquí nadie camina, a menos que sea con el perro. Canto con mi voz de hilo, de aire que entra por una ventana mal cerrada y la recuerdo: negra, descalza, con el vestido amplio sobre las caderas, hinchando los pulmones para bajar la voz al vientre. El saxofonista era malo, el pianista era un charlatán, no recuerdo el bajo, el muchachito de la trompeta se escondía detrás de una bocina para salir a veces con una flauta, no sé ni qué decir de las percusiones, el baterista llegó tarde y le quitó las baquetas a un pobre muchacho que se bajó del escenario muerto de vergüenza.
Pero ella.
Le regalé mis gritos, aplausos, lo que pude. Me dieron ganas de regalarle un vestido, pero hubiera sido muy raro. Ella me decía "gracias" con la risa controlada y esa voz de aceite de motor corrido por más de 30,000 millas, pesada, tersa, dulce.
Pero ella.
Le regalé mis gritos, aplausos, lo que pude. Me dieron ganas de regalarle un vestido, pero hubiera sido muy raro. Ella me decía "gracias" con la risa controlada y esa voz de aceite de motor corrido por más de 30,000 millas, pesada, tersa, dulce.
martes, 12 de noviembre de 2013
domingo, 27 de octubre de 2013
Mi primer encuentro con Pedro Juan fue el 14 de octubre de 2013 a las 4:00 pm en el UNEAC en La Habana. Me vestí de azul marino y me puse lipstick rojo. Él estaba en un porche con mecedoras blancas, hablaba con escritores rodeado de plantas tropicales.
Parecía un dinosaurio.
Después de escuchar una lectura de poesía sobre la diáspora cubana (que me dio muchísimo sueño) nos fuimos. Pasamos por la casa de Marilyn Bobes, pero no estaba.
Caminamos juntos por el malecón. Una ola casi nos rompe encima y cuando nos cubrió de chispitas de agua salada él me dijo: "es un regalo."
Caminamos hasta la cafetería de la FIAT. Yo iba anotando cosas porque ya todos sabemos que no es que sea tonta, es que tengo una memoria de la chingada.
Entre lo que anoté están estas frases:
Soy completamente dictatorial, yo no presento a los me hacen malas críticas.
Trilogía fue una venganza, al final todo se estaba conviertiendo en sal y agua.
Ningún escritor es inocente, ninguno escribe por escribir.
Fueron años de hambre y te vas llenando de rencor, de malos sentimientos.
El rey de La Habana es un residuo de Trilogía, que ya no pude poner ahí. Hay muy poca ficción.
Yo en aquel tiempo venía con mi mujer a esta cafetería y nos sentabamos allá en aquella mesa, era un sitio gay lleno de travestis grandísimos y bien dotados, nos divertíamos muchísimo con ellos, se les salían los güevos de las faldas. Yo me compraba una botella de ron y una cocacola y me la bebía entera con ella.
Lezama Lima vivía en el centro del barrio de Colón. Putas, chulos, negros guapos, la morralla, la escoria y se negaba a aceptar aquella realidad. Escribía a partir de sus lecturas.
Alejo Carpentier se construyó un personaje diletante, surrealista pero era muy pobre, vivía en la calle Escobar #10, en un solar, en una cuartería y también escribía de sus lecturas.
Los dos se construyeron un personaje, pero ignoraron su realidad, su entorno.
Yo me aparezco con una propuesta diferente. Nadie me conocía, así que cuando salió Trilogía, los escritores y la crítica de Cuba se preguntaban quién era este advenedizo que viene a decir cómo es la realidad cubana.
Hay unos que dicen que lo que yo hago no es literatura, pero a mí no me importa, yo ignoro a la crítica y ellos me ignoran a mí.
El objetivo que tengo ahora es publicar todos mis libros en Cuba antes de morir, aunque sea cada cuatro años.
Se necesita tiempo para escribir, es necesario sedimentar las experiencias.
Desde el 91 pensaba en una novela que apenas estoy a punto de terminar, es sobre Fabio, un amigo que se suicidó.
En el 91 empezaron las jineteras, los pingueros, pero los cubanos quieren olvidar todo eso.
Tengo el presentimiento de que hay una descarga inicial en los escritores: cuatro o cinco libros y después te vas tranquilizando. Yo estoy en esa etapa.
Hay que ser egoista. Todo escritor tiene que ser egoísta, todo artista.
Yo soy un testarudo.
Hablamos un rato, no sé qué tanto. En el diálogo recuerdo que me dijo:
–Hay quien dice que la literatura cubana es una antes, y otra después de Trilogía.
Yo le respondí:
–Yo creo que Cuba es una antes, y otra después de Trilogía.
Después de estar un rato en la Cafetería de la FIAT caminamos en dirección a Campanario. En el camino siguió la conversación hasta que vi a un muchacho corriendo en dirección opuesta a nosotros iba en shorts y tank top, corría haciendo jogging, pero encima llevaba un aparato rarísimo, yo no entendía lo que era, hasta que lo tuve cerca: se trataba de un restirador de dibujo que llevaba colgando de los hombros con una especie de arnés. Iba corriendo al mismo tiempo que iba dibujando. Pedro Juan no le puso mucha atención, yo se lo hice notar porque se me hizo algo extrañísimo y el con toda la naturalidad del que lo ha visto todo en el malecón, me dijo: "Ah, mira, es otro loquito del malecón."
Yo y Pedro Juan en ese momento no fuimos nada más que otro par de loquitos caminando por la tarde en el malecón...
Pedro Juan entró a Centro Habana por la calle Campanario, pero antes me preguntó si sabía cómo volver a mi hotel. Con mucha paciencia me indicó las calles que debía evitar, me dijo que cuidara mi bolsa, que no cargara con mi pasaporte, ni con mucho dinero, que dejara todo en la caja fuerte del hotel. Fijamos una fecha para la primera entrevista. Me dio un beso en la mejilla y cruzó la calle para ir a su edificio. Lo vi perderse entre los andamios y los bicitaxis, iba de caquis, con una polo de grandes rayas rojas y blancas, ya no me pareció un dinosaurio, sino un marinero en domingo. Caminé hasta La Habana Vieja despacito, incrédula, pensando en mi suerte y en la cabrona exactitud del horóscopo que me leí la semana antes de salir de viaje.
Al llegar a mi hotel escribí esto:
"Hoy Pedro Juan Gutiérrez me invitó una Bucanero en la Cafetería de la FIAT frente al malecón. Nos obligaron a comer papas. No sé por qué lo imaginaba chaparro. Tiene la mirada del Róber y odia la crítica literaria. Me contó que en el tiempo en que escribió El rey de la Habana iba a esa cafetería con una ex y que se compraba una botella de ron y un refresco y se lo bebía todo con ella frente a los travestis a los que se les salían los güevos de la falda."
Parecía un dinosaurio.
Después de escuchar una lectura de poesía sobre la diáspora cubana (que me dio muchísimo sueño) nos fuimos. Pasamos por la casa de Marilyn Bobes, pero no estaba.
Caminamos juntos por el malecón. Una ola casi nos rompe encima y cuando nos cubrió de chispitas de agua salada él me dijo: "es un regalo."
Caminamos hasta la cafetería de la FIAT. Yo iba anotando cosas porque ya todos sabemos que no es que sea tonta, es que tengo una memoria de la chingada.
Entre lo que anoté están estas frases:
Soy completamente dictatorial, yo no presento a los me hacen malas críticas.
Trilogía fue una venganza, al final todo se estaba conviertiendo en sal y agua.
Ningún escritor es inocente, ninguno escribe por escribir.
Fueron años de hambre y te vas llenando de rencor, de malos sentimientos.
El rey de La Habana es un residuo de Trilogía, que ya no pude poner ahí. Hay muy poca ficción.
Yo en aquel tiempo venía con mi mujer a esta cafetería y nos sentabamos allá en aquella mesa, era un sitio gay lleno de travestis grandísimos y bien dotados, nos divertíamos muchísimo con ellos, se les salían los güevos de las faldas. Yo me compraba una botella de ron y una cocacola y me la bebía entera con ella.
Lezama Lima vivía en el centro del barrio de Colón. Putas, chulos, negros guapos, la morralla, la escoria y se negaba a aceptar aquella realidad. Escribía a partir de sus lecturas.
Alejo Carpentier se construyó un personaje diletante, surrealista pero era muy pobre, vivía en la calle Escobar #10, en un solar, en una cuartería y también escribía de sus lecturas.
Los dos se construyeron un personaje, pero ignoraron su realidad, su entorno.
Yo me aparezco con una propuesta diferente. Nadie me conocía, así que cuando salió Trilogía, los escritores y la crítica de Cuba se preguntaban quién era este advenedizo que viene a decir cómo es la realidad cubana.
Hay unos que dicen que lo que yo hago no es literatura, pero a mí no me importa, yo ignoro a la crítica y ellos me ignoran a mí.
El objetivo que tengo ahora es publicar todos mis libros en Cuba antes de morir, aunque sea cada cuatro años.
Se necesita tiempo para escribir, es necesario sedimentar las experiencias.
Desde el 91 pensaba en una novela que apenas estoy a punto de terminar, es sobre Fabio, un amigo que se suicidó.
En el 91 empezaron las jineteras, los pingueros, pero los cubanos quieren olvidar todo eso.
Tengo el presentimiento de que hay una descarga inicial en los escritores: cuatro o cinco libros y después te vas tranquilizando. Yo estoy en esa etapa.
Hay que ser egoista. Todo escritor tiene que ser egoísta, todo artista.
Yo soy un testarudo.
Hablamos un rato, no sé qué tanto. En el diálogo recuerdo que me dijo:
–Hay quien dice que la literatura cubana es una antes, y otra después de Trilogía.
Yo le respondí:
–Yo creo que Cuba es una antes, y otra después de Trilogía.
Después de estar un rato en la Cafetería de la FIAT caminamos en dirección a Campanario. En el camino siguió la conversación hasta que vi a un muchacho corriendo en dirección opuesta a nosotros iba en shorts y tank top, corría haciendo jogging, pero encima llevaba un aparato rarísimo, yo no entendía lo que era, hasta que lo tuve cerca: se trataba de un restirador de dibujo que llevaba colgando de los hombros con una especie de arnés. Iba corriendo al mismo tiempo que iba dibujando. Pedro Juan no le puso mucha atención, yo se lo hice notar porque se me hizo algo extrañísimo y el con toda la naturalidad del que lo ha visto todo en el malecón, me dijo: "Ah, mira, es otro loquito del malecón."
Yo y Pedro Juan en ese momento no fuimos nada más que otro par de loquitos caminando por la tarde en el malecón...
Pedro Juan entró a Centro Habana por la calle Campanario, pero antes me preguntó si sabía cómo volver a mi hotel. Con mucha paciencia me indicó las calles que debía evitar, me dijo que cuidara mi bolsa, que no cargara con mi pasaporte, ni con mucho dinero, que dejara todo en la caja fuerte del hotel. Fijamos una fecha para la primera entrevista. Me dio un beso en la mejilla y cruzó la calle para ir a su edificio. Lo vi perderse entre los andamios y los bicitaxis, iba de caquis, con una polo de grandes rayas rojas y blancas, ya no me pareció un dinosaurio, sino un marinero en domingo. Caminé hasta La Habana Vieja despacito, incrédula, pensando en mi suerte y en la cabrona exactitud del horóscopo que me leí la semana antes de salir de viaje.
Al llegar a mi hotel escribí esto:
"Hoy Pedro Juan Gutiérrez me invitó una Bucanero en la Cafetería de la FIAT frente al malecón. Nos obligaron a comer papas. No sé por qué lo imaginaba chaparro. Tiene la mirada del Róber y odia la crítica literaria. Me contó que en el tiempo en que escribió El rey de la Habana iba a esa cafetería con una ex y que se compraba una botella de ron y un refresco y se lo bebía todo con ella frente a los travestis a los que se les salían los güevos de la falda."
jueves, 10 de octubre de 2013
La maleta no está hecha
Me cambiaron el hotel tres veces, me dejaron en el peor
El sueño se fue hoy a las cuatro y pasaré mí sábado desde la media noche hasta poco antes de la puesta de sol en aviones y aeropuertos.
Dice Mario que el cuento es un hotel.
Hace muchos años que no tengo un viaje para mí sola.
Odio empacar.
Ya no recuerdo cómo era la vida sin internet. Cuba viene a refrescar la memoria (otra vez).
Me cambiaron el hotel tres veces, me dejaron en el peor
El sueño se fue hoy a las cuatro y pasaré mí sábado desde la media noche hasta poco antes de la puesta de sol en aviones y aeropuertos.
Dice Mario que el cuento es un hotel.
Hace muchos años que no tengo un viaje para mí sola.
Odio empacar.
Ya no recuerdo cómo era la vida sin internet. Cuba viene a refrescar la memoria (otra vez).
domingo, 6 de octubre de 2013
miércoles, 2 de octubre de 2013
Será un vestido amarillo con cola de rumbera. Un frutero con plátanos de plástico y una piña de peluche en la cabeza. Flores de poliéster simulando seda. La boca roja y un habano, la piel teñida con yodo. Así saldré de Tijuana y no dejaré de mover los hombros hasta llegar de madrugada al aeropuerto José Martí en La Habana.
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