jueves, 11 de diciembre de 2014

Primer semestre del doctorado: easy as pie.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Me encanta el narrador que personificaba Lorca cuando escribía cartas a su familia en su viaje a Nueva York.

martes, 11 de noviembre de 2014

La Ninis juega videogames, da un suspiro. Le pregunto qué pasa y me responde:

–¡En el apocalipsis tienen un perrito! ¡Ay, pero es un pitbull y es friendly!

lunes, 10 de noviembre de 2014

En un ejercicio de bibliomancia, hago una pregunta egocéntrica al libro con el que trabajo en este momento y me responde:

–Pues, es el sueño de toda puta, ¿no? Tú deverías hacer lo mismo. La Modernidad no va a durar toda la vida.

El arte de la bibliomancia acaba de ganar una fan.
La primera vez que fui a Oaxaca fue a mediados de los '90. Anduve perdida casi todo el viaje, no me daba cuenta de que esos extravíos eran metáforas, pero no voy a hablar de eso.

Caminé sin descanso con zapatos impares. Era diciembre. Así un día me encontré frente a la casa donde  había nacido Porfirio Díaz y fue algo muy extraño. Fue la primera vez que tuve contacto con un espacio histórico. No le encontré ningún chiste. Descubrí que la historia sólo tiene valor si es parte de una narrativa. Los espacios por sí solos, los agentes de la historia por sí solos no son nada especial; igual tienen mocos, sudan y se pudren,  igual les fallan las cañerías y se gotean, son igualmente vulnerables a los piojos y a la polilla.

(Los parásitos son las especies más poderosas de la tierra)

Ahora sé que mi contacto con un espacio histórico fue tan significativo porque yo vengo de un lugar sin historia. La única historia que conocí fue la de mi familia: la orfandad de los abuelos durante la guerra en Jalisco, la huída hacia el norte. La abuela solterona a los 20 años, peinadora de oficio, revolucionaria de algún modo, porque en aquel tiempo no era usual que las mujeres de su pueblo tuvieran un trabajo remunerado. 

Aquel viaje me hizo ver que Tijuana nunca sería parte del México que me enseñaron en la escuela, un México que me llegaba en forma de leyenda, mediado por los libros de texto centralistas que producía el gobierno y que buscaban adoctrinarme, unificarme con toda una generación que por estas fechas se enuentra rondando los 40 años. Hoy puedo ver que el gobierno en muchos casos ganó la batalla, construyó exitosamente una identidad nacional más o menos uniforme, reforzó roles de género por medio de la televisión (partidos de futbol los domingos para los hombres trabajadores, telenovelas eternas para ocupar la mente de las mujeres encerradas en sí mismas), usando la represión, la censura, la distracción y la pobreza como medios de control sistemático forjaron a una generación de miserables que no pueden ver siquiera su propia miseria. Que no se dan cuenta ni siquiera de su silencio. 

(La palabra clave es desconexión, luego le sigue desarticulación)

Así pues, lo único que Tijuana tiene de ese México que me enseñaron en la primaria es que está llena de todos los que han escapado de él. Tijuana es el lugar sin historia que tiene el poder mágico de borrar el pasado. Es un lugar de cartón, madera y basura importada que se construyó alrededor de un pretexto llamado fontera. Es un enorme campamento de refugiados y fugitivos que tiene el potencial de desaparecer en cualquier momento. Mi pueblo, apenas unos cuanto kilómetros al sur, fue una simple promesa.  Era y sigue siendo la escenografía abandonada de una película de vaqueros que nunca se estrenó (que luego fue tomada, administrada y controlada por un realtity show de mafia).

(Tijuana es el limbo que los fugitivos se han empeñado en convertir en su paraíso)

domingo, 9 de noviembre de 2014

Tom Waits "Hold On"

otra vez.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Neguemoslo todo.
Aquí es el lugar donde siempre estoy, es un centro que está justo al sur de la orilla.

Estos días que despierto con el amanecer abro las persianas hasta el techo para contemplar las nubes rosas detrás de la montaña. Es un lujo ver tanto cielo desde la cama.

Hoy vi volar los gansos hacia el sur.

Recordemos. No perdamos la memoria.

Se llama Benazir Adriana José Alberto Janet
Se llama con toda su carne.
Y que nadie venga a decirme que no
Se llama aunque quieran usar el imperfecto

Pero neguemoslo todo. Nunca ha pasado nada. Compartamos los trofeos, apuntemos la nariz hacia adentro, revistamos la tristeza de fotos en las que somos muy felices.

Vayamos a comprar un bolso de sweatshop y una tortilla con frijol muy elegante para que todos puedan ver qué tan felices y exitosos somos.

Las señales fueron claras pero teníamos la nariz hacia adentro.

Ahora reviso ordenadamente todos los riesgos, la cantidad de veces que recorrí el desierto con una cámara. Lo incomparable que es el  cielo del amanecer entre surcos de flores de cebolla, la verdad que hay cuando las montañas se reflejan en el agua de un campo geotérmico. El abandono que se siente cuando por el retrovisor pasa una manada de coyotes verdes. Las grietas profundas de la tierra abierta por el terremoto. Las tortugas desesperadas por la caída del nivel de agua. El tren que bordeaba el cerro. El olor a entraña de la tierra que tiene el vapor.

Yo no voy a negarlo. Mi nariz es la primera parte del cuerpo que despierta todas las mañanas.
Esa es una señal.





martes, 4 de noviembre de 2014

Escribo sobre el origen y la emergencia. Son curiosas las acciones: leo a Foucault que a su vez lee a Nietzsche. Escribo sobre Foucault reescribiendo a Nietzsche. La verdad, se me hace re chistoso.

Leo a Lorca coser a Prudencio y trato de iniciar una colcha de parches: empiezo a coser a Foucault (que dejó cosido a Nietzsche), trato de demostrar que Lorca cosió a Prudencio y los zurso a todos juntos. se notan las costuras, está todo un poco chueco, pero me gusta, además de que me divierte.

Escribo frases como:
Lorca persigue el origen trazando un hilo desde la antigüedad hasta su tiempo.


Hablo del cuerpo como espacio ideológico de la resistencia y no sé que más.
Recuerdo que por andar en esto he dejado de escribirle y vengo a dejar aquí una pequeña señal de vida.
El viaje relámpago de vuelta al origen me dejó convencida de que alejarme fue una decisión necesaria y acertada. Mi casa ahora soy yo.

viernes, 31 de octubre de 2014

Es la primera vez en tres meses que escucho una sirena y acabo de darme cuenta que he perdido la capacidad de distinguir entre ambulancia y patrulla.


jueves, 30 de octubre de 2014

¿Y si leemos el libro VIII de La República de Platón?

Es evidente que en México alguien lo usa de credo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

mucha censura

lunes, 20 de octubre de 2014


La paradoja histórica es que, en cierto sentido, estamos más próximos a problemas examinados en la primera mitad del siglo XIX que a los que heredamos del siglo XX. Como en las cercanías de 1840, nos enfrentamos a un capitalismo cínico, seguro de ser la única vía posible de organización razonable de las sociedades. Por todas partes se insinúa que los pobres tienen la culpa de ser pobres, que los africanos están atrasados y que el porvenir pertenece o bien a los burgueses “civilizados” del mundo occidental, o bien a aquellos que, a semejanza de los japoneses, seguirán el mismo camino. Como en esa época, hoy, nos encontramos con zonas muy extensas de miseria extrema en el interior mismo de los países ricos. Nos encontramos, tanto entre países como entre clases sociales, desigualdades monstruosas y crecientes. El corte subjetivo y político entre los campesinos del tercer mundo, los parados y asalariados pobres de nuestras sociedades “desarrolladas” por un lado y las clases medias “occidentales” por otro es absoluto, y está marcado por una especie de odiosa indiferencia. Más que nunca el poder político, como lo demuestra la crisis actual con su única consigna de “salvar los bancos”, no es más que un apoderado del poder del capitalismo. Los revolucionarios están desunidos y débilmente organizados, amplios sectores de la juventud popular han sido ganados por una desesperación nihilista, la gran mayoría de los intelectuales son serviles.  

(Badiou en "La idea del comunismo")

lunes, 6 de octubre de 2014

 esta vida significante, esta cierta significación de la naturaleza y de la historia que yo soy, no limita mi acceso al mundo, es, por el contrario, mi medio para comunicar con él. Es a base de ser sin restricciones ni reservas lo que actualmente soy que tengo la posibilidad de progresar; es viviendo mi tiempo que puedo comprender los demás tiempos, es ahincándome en el presente y en el mundo, asumiendo resueltamente lo que por azar soy, queriendo lo que quiero, haciendo lo que hago que puedo ir más allá.     

(Merleau-Ponty en Fenomenología de la percepción)
Parece que cuando un escritor publica algo en un periódico se dice a sí mismo: aquí voy a escribir aburrido y voy decir cosas que a nadie le importan, me la voy a pasar jugando a tirarle a la meta del metadiscurso y del metalenguaje. Hablaré de cosas estáticas. Voy a escribir como si estuviera haciendo un informe de contabilidad, como si fuera un abogado escribiendo un contrato de renta, como un ghost writer que vive de hacer discursos políticos.  Voy a poner todo mi empeño en el decir sin ganas ni creatividad, con toda la intención de repeler a mi lector porque lo odio, lo odio más que a nada y mi odio viene de que no es sino gracias a ese lector que persigue mi nombre que a mí me pagan y el pago me limita, me esclaviza.

Parece que cuando un periódico o un suplemento cultural descubre a un escritor, el tipo ya está medio muerto, sus ideas se leen secas, tiesas. Su escritura es ya solo el acto mecánico de cambiar uno o dos pesos por palabra. Los peores son los ensayistas y los poetas; los narradores medio se salvan porque para ser narrador hay que saber mentir y para la mentira es absolutamente necesaria la creatividad (yo por eso, como narradora estoy jodida).

Me acuerdo que Pedro Juan me decía que los escritores tienen tan solo fuerza para unos cuantos libros, luego se secan, se les acaba la vitalidad y se quedan en silencio o escribiendo mal. Yo creo que es justo en este momento de su carrera cuando los descubre el periódico y les ofrece una columna semanal. Es una cosa triste.

En el único escritor del periódico en quien confío es en el periodista, ese no se puede secar porque no se nutre de sí mismo. Es un vampiro.

También confío en el cronista, de hecho es mi favorito. El cronista es filtro, es proyector, ayuda a ver a la distancia y deja pasar pedacitos de sí. Los mejores, los que hacen de la crónica un arte son los que se saben esconder dentro de ella y logran crear la ilusión de la realidad toda.

Respeto profundamente a los periodistas y a los cronistas que se cruzan a la frontera literaria, pero a los 'creadores' (y a los políticos) que se cruzan a la frontera periodística, no los soporto.