En 1993 la actriz Audrey Hepburn murió de un enfermedad casi desconocida e intratable en la época. Se trata de un tumor que inicia en el apéndice y con el paso del tiempo segrega una mucosidad que invade lentamente el peritoneo, dañando los órganos vitales. La enfermedad es tan rara que en los tiempos de Hepburn se reportaba un caso por cada millón de personas, hoy la estadística ha aumentado a dos casos por millón. Es difícil de detectar, dada la vaguedad de sus síntomas y aunque no hay dolor ni molestas, hay cambios en el cuerpo que se manifiestan en un gradual abultamiento del abdomen, lo cual se puede confundir fácilmente con sobrepeso.
En esta enfermedad, las mujeres, o más bien, las personas con órganos sexuales femeninos, tienen una ventaja sobre otras personas porque los organos femeninos están alojados dentro del peritoneo y cuando la enfermedad avanza, genera problemas ginecológicos que llevan a buscar tratamiento médico o cirugías ginecológicas y es ahí donde los médicos encuentran el escenario de la enfermedad. En el caso de las personas sin organos sexuales dentro del peritoneo, la enfermedad es mucho más dificil de encontrar y cuando se detecta es común que se encuentre demasiado avanzada.
Como le contaba, a las personas con organos femeninos generalmente se les detecta la enfermedad de manera fortuita, pero inicialmente se puede hacer poco por la persona, puesto que es necesaria una cirugía complicada y especializada que realizan dos oncólogos a la vez, un ginecólogo y un gastroenterólogo.
Aunque hoy en día hay tratamientos, todo depende del momento en que se detecte la enfermedad, y a pesar de que su tratamiento es complicado, agresivo, especializado, caro y son pocos los hospitales que tienen la capacidad y los especialistas que lo pueden hacer, por fortuna cuando se actúa a tiempo y cuando se trata de un tumor de avance lento (conocido como low grade mucinous tumor), la enfermedad es curable.
Le podría hablar de los tratamientos, de las cirugías, de los hospitales, de las medicinas, pero solo le diré que el abdomen se convierte en un coliseo (literalmente, la cavidad abdominal se abre y se levanta como un coliseo para que puedan actuar los médicos), que la cirugia dura entre 8 y 10 horas y que al terminar, al paciente se le llena el peritoneo con una quimioterapia caliente que luego se deja actuar sacudiendo el cuerpo por dos horas, el objetivo de todo esto es acabar con cualquier célula que represente peligro o recaida en el futuro.
De la recuperación ¿Qué le puedo decir? es extraordinariamente difícil, con medicinas para el dolor, sondas, monitores, examenes constantes, muchos días en el hospital con opioides y fentanilo, parálisis del sistema digestivo, alimentación intravenosa, transfusiones de sangre, desbalances minerales, taquicardia, es un desmadre y después vienen meses de reposo y debilidad, perdida de pelo y de peso. Es una experiencia muy difícil, pero la persona tiene buena esperanza de vida, aunque debe continuar con cuidados y monitoreo médico atento.
Algo curioso que ocurrió en el hospital es que puse la tele y estaba la película "My Fair Lady" de Audrey Hepburn. ¿Casualidad o guiño del destino? No sé. Lo que sé es que mañana se cumple un año de mi segundo nacimiento y que aquí sigo y no me voy a ir.