miércoles, 12 de octubre de 2005

Soñé que había unos gatitos (o perritos o algo así) naciendo y que a la vez nacían alacranes. Era un revoltijo de exoesqueletos ámbar y pelo húmedo oscuro.

Creo también, aunque no estoy segura, que ahí estaba un amigo imaginario, o su alter ego o algo así. No sé. Los alacrancitos recién naciditos eran despedazados con los dientecitos y las uñitas de los gatitos (o perritos o algo así).

Siempre que tengo un sueño raro ando con susto el resto del día. Elijo no salir y hacer lo menos posible porque el sueño era sin duda la premonición de alguna cosa terrible.

Hoy no sentí eso al despertar. El día luce bien, aunque el shop ha estado vacío toda la mañana.
Después de haber recibido la última e irrefutable prueba de quién fue el verdadero ladrón de champañas, me encontré con el siguiente correo electrónico.

Por este medio electrónico se les convoca a participar en el Primer Premio de Crónica "La misteriosa desaparición de la champaña en la Fiesta de Cumpleaños de Abril" cuyas bases son:

 

1. Podrán participar todos aquellos que, siendo mayores de edad y dispuestos a enfrentar las consecuencias de sus actos, hayan asistido al evento conocido aquí como La Fiesta del Cumpleaños de Abril.

 

2. La crónica, que puede hacer gala de las estrategias narrativas que al autor o autora le vengan en gana, también  puede extenderse por un número de páginas nunca determinado.

 

3. Los participantes mandarán su crónica a todos los participantes del PRIMER PREMIO NACIONAL DE CRÓNICA "La misteriosa desaparición de la champaña en la Fiesta de Cumpleaños de Abril", quienes a su vez fungirán como jurado plenipotenciario. Las crónicas podrán ir apareciendo en los blogs de cada uno de los participantes, si éstos dan su consentimiento explícito, claro está. 

 

4. Se abre el concurso hoy, 12 de octubre, sacrosanto Día de la Raza de Acá, y se cerrará el 21 de octubre. El nombre del ganador o ganadaroa se dará a conocer el último día de Octubre.

 

5. El ganador o ganadora recibirá una (o dos) (o tres) botella de champaña, la cual deberá compartir con todos los participantes del concurso en fecha y reunión por anunciar pero que seguramente se llevará a cabo en Tijuana, BC, en próximas fechas. La Crónica ganadora aparecerá en todos los blogs de los participantes el mismo día y a la misma hora (por acordar) acompañada de la foto con la que se ha identificado, irrevocablemente, AL CULPABLE.

 

 

queda de ustedes, casi muerta de la risa, su queridísima amiga, osease yo. --crg


 
´No hay crudo humilde ni pendejo sin blog´

martes, 11 de octubre de 2005

Un gramo de coca, latas de cerveza vacías y los cargadores fue lo único que se encontró dentro del carro. Los ocupantes lo habian abandonado dos horas antes (...)

(oído en la crónica de Notivisa con respecto a los balazos que enfrentó Castro Trenti en la colonia Cacho)
Todo empezó por un numero equivocado, el teléfono sonó tres veces en mitad de la noche y la voz al otro lado preguntó por alguien que no era él. Mucho más tarde, cuando pudo pensar en las cosas que le sucedieron, llegaría a la conclusión de que nada era real excepto el azar. Pero eso fue mucho más tarde. Al principio no había más que el suceso y sus consecuencias. Si hubiera podido ser diferente o si todo estaba predeterminado desde que la primera palabra salio de la boca del desconocido no es la cuestión. La cuestión es la historia misma, y si significa algo o no significa nada no es la historia quien ha de decirlo

Paul Auster en Ciudad de cristal.

lunes, 10 de octubre de 2005

En ´A grand day out´ Wallace hace que su obsesión por el queso lo lleve de vacaciones a la luna. Gromit, su perro, lo acompaña.
En ´The wrong trousers´ Wallace y Gromit se enfrentan con un pingüino que es ladrón profesional de joyas y que se hospeda en casa de ambos.
En ´A close shave´ Gromit es injustamente perseguido y encarcelado por asesinato de ovejas. Wallace, aliado de un grupo de borreguitas que saben que Gromit es inocente, lo ayuda a escapar de la cárcel.

Wallace bebe té, come pourridge, pan tostado con mermelada y ama el queso. Es inventor y motociclista. Tiene máquinas para vestirse, para hilar suéteres, para llevar a caminar al perro, tiene una catapulta que pone la mermelada sobre el pan.
Gromit es un perro incomprendido, quizá porque no habla. Es lector (en la cárcel leyó crimen y castigo de Fiodo Dogstoyevsky), sabe pilotear aviones y usar una ingeniosa ametralladora de pourridge. Además prepara el desayuno de Wallace y cada que tiene tiempo se pone a tejer. Es el más inteligente del par.

Hoy que fui a ver ´The curse of the were rabbit´esperaba montones de chistes visuales y episodios de humor británico, pero no. La movie está bien (larga). El villano no sirve para nada (hubieran puesto a Feathers Mc gray). Lo que más me gustó fue ver las huellas de los modeladores sobre la plastilina en la cara de Gromit.

No sé, como que sentí que Nick Park se hollywodizó de más. Si ´Chicken run´ me encantó, esperaba que el primer largometraje del Wallace and Gromit fuera algo más, no sé qué. Algo así como ver las tres películas anteriores de corrido (cada una dura media hora). No sé, después de un rato hasta sueño me dio.
En el cine...

Ya no quiero ver más animación por computadora, nada. No quiero ver cascadas de sal que simulan agua. Prefiero ver músculos hinchados de anabólicos antes que los que infla la computadora. Quiero que el traje de Spiderman sea de tela, aunque le quede flojo, aunque no se le noten los bíceps, aunque sea de spandex o de poliester o de ambos. No quiero ver más pieles lisas ni labios de viníl, quiero ver rímeles corridos, granos, lunares, verrugas, cicatrices.

Que alguien me enseñe un poro y un diente chueco, que alguien me enseñe a una actriz despeinada. Un poco de celulitis por piedad.

No más gatitos que hablan, ni perritos que guiñan el ojo. No más heridas lisas y planas.

I want gore (a little). Make-up artists of the world: do your job.

I want fire (a little).

I want to see something that looks real. I want to have the ilusion that I can touch what I know I can´t.

domingo, 9 de octubre de 2005

A pesar de que hacía mucho tiempo que no lo veía lucia igual, sólo que llevaba la cabeza cubierta con una gorra. Mis cómoestás fueron de mediano entusiasmo hasta que él casi me gritó:
--Dame un abrazo, chingado.
Y pues sí, me puse de pie y le di el chingado abrazo, como debe ser con los viejos amigos, con esos que se supone que uno compartió algo; una peda, una clase, un desvelo, un momento en la vida.

De los cómoestás pasamos a los cómoteves, seguro que notó que ya no uso fleco, que soy un poco menos delgada, que se me ha marcado una arruga en el entrecejo, pero como todo un caballero y como debe de ser, no dijo nada. El se veía bien, normal, un poco más robusto, un poco mayor. Estábamos hablando de cómo nos llegó la vida adulta de golpe, cuando él, así de golpe, se descubrió la cabeza para mostrarme lo que estos cinco años le habían quitado.
Los dos nos reímos un buen rato, yo recordándolo con su peinadito de supermán y el mostrando con orgullo la desnudez de su cráneo. Lo único que atiné a decir era que lucía bien. No mentí, la calva iba con él.

Decidí no hablar de los propios complejos que, ante las dimensiones del problema ajeno, son cuestiones insignificantes.

Hacía poco que me había cortado el pelo y con el corte se asomó la primer cana, ya sabía que estaba ahí pero nunca se mostraba. Durante tres días hice lo posible por disimularla, hice lo posible por convencerme que lucía bien, que me daba eso que dicen todos los canosos resignados: personalidad. Mis argumentos no pudieron convencer a mis tijeras. Pero a los pocos días descubrí la segunda: pegada a la frente, del lado derecho, pequeñísisma, y por su color, imperceptible para el ojo no entrenado, así que ahí la deje, al cabo que casi no se nota. Hasta que ayer apareció la tercera. Es nueva, todavía la punta del cabello está café, a esa ya no le hice nada.

Quizá con el tiempo me convierta en una de esas señoras que se dejan el pelo corto para lucir más jóvenes, o tal vez me teñiré de rubio y me pintaré los labios de rosa. O me convertiré en una pelirroja de mascada con un amante quince años menor. Cómo saber qué será de mi middle life crisis. Me quedan por lo menos diez años para planearla.

Así como es más digno ponerse bloqueador de sol en la calva que cubrirla con un ratón (peluquín, o como se llame). Por ahora me quedo con mis tres canas, una por década vivida.

jueves, 6 de octubre de 2005

Empieza con B, aunque la B no me gusta, prefiero el sonido de la V, además luce mejor.
También tiene una f (la cual confundo con la j), y el sonido de la f es viento.
Y las vocales, si, todas, excepto la i y la u que es tan dificil decirlas en voz baja y en alta, pero a la i el sobrero la salva, y a la u el camino de vuelta.

Los movimientos que hace la boca al decir la L y la R, la N, por eso me gusta ver la boca de quien dice mi nombre.

Ya entiendo por que no me gustan la M, la B, la P, porque al pronunciarlas los labios se cierran.

martes, 4 de octubre de 2005

Escucharla es como oir musica de elevador con cuchillo.

If you would sit
Oh so close to me
That would be nice
Like it's supposed to be
If you don't I'll slit your throat
So won't you please be nice
If you would hug your arms right around me
That would be snug
Like it's supposed to be
If we part I'll eat your heart
So won't you please be nice
(...)

Nellie Mckay.

lunes, 3 de octubre de 2005

It´s all in you head dear, that´s what the doctor said. Take these pills, get this test, but don´t worry it´s all in your head.

domingo, 2 de octubre de 2005

Era un collar con la mano de Fátima, uno que se te habia olvidado dentro del alhajero, no te acuerdas? Era negro, de barro, con cuentas que imitaban aventurinas pero no, eran puro plástico. A poco no te acuerdas que en el barro creció un moho color salvia y para limpiarlo, según tú, lo dejaste en un vaso con agua pero no pensaste que el agua reblandece el barro y cuando lo sacaste parecía que era mantequilla negra.

Ahora resulta que no te acuerdas, cómo se te pudo olvidar?

Era la mano de Fátima, una así, que tiene los dedos hacia abajo, con un ojo en el centro. Y dicen que sirve para tener más paciencia (que buena falta te hace) y para la fidelidad y la buena fortuna. Acuérdate, si bien que te sabías la leyenda.

La mano de Fátima. Era de la India, hasta me contaste que lo habías comprado en cinco dólares. Que la ultima dueña se había muerto sepa de qué y la familia o el seguro o el gobierno, quien sabe, habían puesto en venta todo lo que tenía en su casa, hasta sus carros y su ropa y hasta su misma casa. Y me contaste también que te habías ido a ver el cañoncito que estaba poco más allá de la terraza. No te hagas, tu me dijiste. Y me dijiste también que compraste un barómetro, que no entiendo para que lo querías, si ni barco tienes, ni lancha, ni una mendiga balsa, y aunque la tuvieras, para qué quieres un barómetro en una balsa?

No te digo que estás mal. Cómo que nunca compraste un barómetro? Sí como no, yo lo ví, era uno de esos que trae hasta el higrómetro y el termómetro en el mismo retablo, era larguito y dorado, medio cursi, combinaba contigo. No me salgas con que no, te conozco.

Barómetro, higrómetro, termómetro... desde cuándo te importa a ti el viento y la humedad y la temperatura si nunca sales?
Inteligencia militar son dos términos contradictorios.

Groucho Marx

sábado, 1 de octubre de 2005

La ropa del closet venía de todos lados: Malasia, China, México, Perú, Pakistán, India, Australia, Indonesia, Sri Lanka, Camboya, Canadá, Vietnam, Madagascar, Bangladesh, Colombia, Rusia. No había prendas francesas o italianas. Lo más fino estaba en un cajón desordenado. Se trataba de una pequeña colección de pañuelos de seda. Su dueña los había obtenido uno a uno hurgando en los puestos de un mercado ambulante. Su orgullo era una gran mascada color beige con los signos del zodiaco y quemadura de cigarrillo en una de las esquinas.

No le gustaban las cosas extranjeras en particular, pero su economía no le permitía elegir la procedencia de los productos que entraban a su casa.

Era obsesiva con la lista de ingredientes de la pasta dental.

Le gustaban las cafeteras danesas y las preguntas (las respuestas nunca le interesaron). Por eso se preguntaba el nombre de la persona que cortó las calabacitas que había en el refrigerador. Se preguntaba también dónde habrían sido cultivados los tomates del frasco de salsa y quién se habría subido a jugar en los árboles de cuyo fruto había salido el aceite de oliva.

Decía que no le preocupaba (pero sí) el saber que todo lo que usaba para vivir era de fuera. Sabía que su estilo de vida era artificial, sabía que los pueblos de la frontera, sin la frontera estaban condenados a desaparecer.

Le preocupaba la vida ficticia de las ciudades. Las casas tan encerradas y silenciosas en las que la única voz era de la televisión. Extrañaba (sin haberlo visto antes) el tiempo en que la gente sacaba las sillas al patio y hablaba y reia y comentaba el color de la noche (y el olor).