lunes, 24 de octubre de 2005

Tendríamos que decir que no hay nada. Que una anciana estrella su carro contra una sala de espera atropellando a dos.

***
La primera persona en un videojuego se da en el momento en que la pantalla le proyecta al jugador el entorno del juego sin personaje de por medio (por ejemplo en un juego de carreras, se ve el parabrisas, el paisaje, el velocímetro como si en verdad se manejara un carro).
La segunda persona es cuando el jugador manipula a un personaje, lo hace saltar, lo gira, lo lleva a usar armas.
La tercera persona se da en el momento en que uno observa a otro jugar un videojuego.
(Siempre he sido tercera.)

***
Diriamos que hay silencio. Que el luto es por fortuna ajeno (y cercano).

sábado, 22 de octubre de 2005

Antes veia las puestas de sol en la playa.
Ella llegaba por mi para que le comprara una cahuama (era menor).
Varias veces vimos el amanecer: en un cerrito del Plan Libertador, en la playa, en mi cuarto, en la clicka.
Antes haciamos fogatas, y nos daba risa cuando veiamos saltar los clavos de las tablas (ahora me da miedo).

Antes platicabamos de nuestros amores. Evitabamos hablar de los problemas, de las tristezas.
Sabiamos menos pero nos reiamos más.

Antes llegaba a buscarla en la mañana y la encontraba bailando en la playa.
A veces ella flotaba en el mar dejando que las olas le pasaran por encima del cuerpo, se suspendia en el agua como un cadáver, con los ojos pelones. La marea hacia volar la falda de mi vestido de florecitas amarillas.

We drank, we smoked, we ate oranges. We took pills and got rides from people we didn´t know. Her mother didn´t like me, until she liked me.
We had so much fun.
I don´t miss it, because I´m supposed to be older and wiser.
But I liked it.

Ahora a veces ella me habla por teléfono.
Cuando viene de visita fumamos y hablamos y nos reimos y a veces vamos a la playa a tomarnos una cahuama.
El día en que se casó su hermana, su mamá nos hizo caminar juntas hasta el altar para dejar una ofrenda de pan y vino (yo vestía de rojo, ella de negro).
Ahora no la extraño, pero la recuerdo a cada rato.

viernes, 21 de octubre de 2005

Escuchado en las noticias de San Diego:

An illegal immigrant is dead after being runned over by a border patrol. An autopsy will be performed to reveal the cause of the death.
El ladrón de champañas.

1.
Digamos que alguien compra una casa cerca del mar, tan cerca que poco le falta para barco. Nuestro alguien decide que hay que celebrar la inauguración al más puro estilo marino, así que compra en el duty free varias botellas de champaña (una de ellas por supuesto para estrellarla sobre la proa, es decir el frente de la casa y así bautizarla). Para celebrar con derroche no compra cava española, ni sparkling chardonay de California. Compra champaña de verdad, de la francesa, de la del meritito Champagne.

2.
Digamos que por muchas y muy diversas razones se pospone el bautizo. Pero como ya se había planeado la fiesta y son pocos los impedimentos que lleven a un mexicano al extremo de cancelar un festejo (además no sólo se celebraba a la casa, sino tambien el cumpleaños de la muchacha del peinado peculiar), se recurrió al siempre infame plan B: hacer la fiesta bajo Puente Amafáunulos.

3.
Se plantea el problema de esta manera: botellas de champaña reservadas para otra ocasión ocultas tras una gruesa capa de cervezas dentro de un refrigerador en una fiesta. Conforme pase el tiempo la capa de cervezas se adelgazará hasta desaparecer, quedarán entonces al descubierto, inermes, solitas, expuestas y antojables las botellas de champaña. Una mano misteriosa destapará dos de ellas y las derrochará entre un grupo de bebedores poco refinados que, acostumbrados a tomar Tecate y coolers, no lograrán apreciar el gusto del champán y éste será desperdiciado con vileza por ellos.

3.1. Planteamiento según el punto de vista de cierta mujer que estuvo en la fiesta.
¿El inicio de la historia?. No sé, no recuerdo muy bien. En realidad cuando llegué la fiesta tenía ya un rato de haber empezado. Yo me fui derechito al baño y estaba ahí viendo los azulejos amarillos, ¿o son verdes? Le digo a usted que no sé, que recuerdo poco. Yo estaba en eso cuando escuché que se gritaba mi nombre afuera y al salir, con las manos todavía húmedas (porque me las lavé, eh, y luego me las sequé en el suéter que traía en la cintura)... Ah pues, al salir había un grupo de gente a mi derecha que gritaba que beso y que quién sabe qué. Enfrente estaba la muchacha del peinado peculiar, ahí solita. Creo que lucía un poco apenada, o es lo que quise pensar. El grupo de la derecha me indicó, no, me ordenó con gritos dispares que debía besarla. Que su deseo de cumpleaños era recibir 29 besos, uno por cada año de vida. No hice preguntas. Fue un beso sencillo, de labios cerrados, de manos en los cachetes. Duró nada, lo que dura un beso con espectadores. Si lo que usted quiere es saber cómo empezó todo, para mi ese es el principio.

4.
Lo que pasó después es difícil de narrar. No por lo que pasó, porque en realidad pasó poco. Debajo de ese puente (y sobre él) han ocurrido cosas peores. Mucho. Y se podrá decir lo que sea sobre los sucesos que ocurrieron antes (y después), pero en esta ocasión no se trata de rumores, sino de lo que pasó en verdad (recordemos que está en juego la honra del acusado). Siendo la verdad un asunto tan complicado es necesario hacer una pausa y una consulta:

verdad


1. f. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.


2. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa: los niños tienen que decir siempre la verdad.


3. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente y que es aceptado de forma general por una colectividad: verdad de fe.


4. Expresión clara y directa con que se corrige o reprende a alguien. Más en pl.: Cayetano le dijo dos verdades.


4.1. La verdad según el punto de vista de cierta mujer que estuvo en la fiesta.
No soy mariposita social, no bailo, yo a una fiesta voy a lo que voy: pistear y quedarme en un rincón. En esta fiesta eso hice: sentarme en la escalera casi toda la noche.
Sí, camine, anduve, trataron de hacerme bailar, hablé con un pocholaco, estuve a punto de ser seducida por una chica de gran escote en la espalda. Y casi lo logró, pero no.
Me fui a la escalera a tener la mejor idea de la noche: pedir un masaje. Primero fue la espalda, luego el cuello, luego los pies, luego todo era manos. Hubo un momento en que cierta extranjera de acento delicioso recibía un masaje de pies y también recibía uno de manos y uno de espalda. Todo a la vez. Ahí, exactamente ahí, era donde estaba quien se acusa de ser el ladrón de champañas. Él estaba en el cuello o en los pies, no lo sé, pero estuvo por largo rato sobando a la extranjera de acento delicioso. Había voces detrás de él, dos desconocidas que hablaban y que quizá tentadas por el manoseo (quién, díganme quién se resiste a un manoseo) quisieron unirse pero no lo lograron.

4.2. La verdad según el punto de vista de cierto padre de familia a quien se le perdió una botella de vodka.
¿La champaña? ¿Cuál champaña? ¿Había champaña? No, yo no creo que haya sido el Tambor. Fue el puto ese que me robo la botella de vodka, y me lo iba a madrear, yo ya tenía a todos los de la Liber apalabrados. Pero al último apareció la pinche botella, que si no hubiera aparecido lo mato. Me cae que si. O por lo menos lo atropello.

5.
Pasan los días, las semanas, los meses. Hasta que aparece sin más preámbulo una foto en la que un hombre sostiene una copa y a su lado hay una botella de champaña. Nadie lo duda, es el Ladrón de champañas. Pero cualquiera que sea ligeramente escéptico, sería capaz de ver en semejante prueba los tintes de una conspiración. El verdadero Ladrón de champañas no sería tan tonto como para permitir que se le haga un retrato con la prueba del delito en el paladar.
Si algo nos ha enseñado la historia es que nunca jamás, por minúsculo que sea el crímen cometido, deben quedar pruebas. Mucho menos testigos, ni ebrios ni sobrios.

5.1. El Acusado se defiende.
¡Hey, yo no fui eh! Esa foto esta sacada de contexto. A mi, por si no lo recuerdan, la profe me regaló una botella de champaña después de la fiesta. No me acuerdo por qué, no era mi cumpleaños ¿O si? De hecho me regalo dos (por cierto que me debe una). El día que me tomaron esa foto no fue el mismo día de la fiesta.
Soy inocente. Además todos tomamos de la botella que sale en la foto. Todos teníamos copas, todos brindamos, no me acuerdo por qué, pero todos brindamos, hasta el Héctor, que ahí andaba. De eso sí hubo muchos testigos. No se hagan, yo no fui.

5.2. Cierta mujer que estuvo en la fiesta recuerda.
Sí, me acuerdo que días después hubo taller literario con la célebre CRG. Recuerdo que caminé la cuesta esa, mejor conocida como La Mata Crudos. Recuerdo también que sentía los latidos de mi corazón en las venas de la cabeza mientras subía, y recuerdo que al llegar bajo Puente Amafáunulos no podía respirar. Lo recuerdo bien, ese día se destapó una botella de champán y todos los que fuimos al taller bebimos un poco (yo sólo humedecí los labios pa no quedarme con las ganas), y recuerdo también que hubo fotos.

5.3. El acusado se vuelve a defender.
Si (es) cierto.

5.4. Cierta mujer que estuvo en la fiesta continúa recordando.
Acuerdate que eres el acusado, deja termino.
Y recuerdo que se celebraba al acusado por algún motivo. Pero en realidad no sé si la foto que se muestra como prueba se tomó días después o el mismo día de la fiesta. No sé. Los únicos testigos confiables son los que no estaban hasta su madre, y hasta hoy sólo se sabe de uno: El refri.

6.
Tras una concienzuda reflexión frente a los argumentos y pruebas presentados, se decidió que no es posible señalar culpables. Es decir, hasta hoy se concluye que los resultados de la investigación son inconclusos. Pero si algo hemos aprendido de las películas mexicanas cincuenteras, de las telenovelas y de los thillers hollywoodenses, es que no hay crimen perfecto. Algún día, en algún lugar se hará justicia.
Mañana viernes, se suspenden las clases!!!!
(and I´m even happier than the students).

miércoles, 19 de octubre de 2005

T-t-t-t-t-iemblo.
Escribir, luego borrar. Escribir, luego borrar. Escribir, luego borrar. Escribir, luego borrar.

domingo, 16 de octubre de 2005

Le gustan las tumbas. Seguido llora por su bisabuela que murió hace dos años.
El domingo antepasado la llevé al panteón, buscamos la tumba de uno de sus tatarabuelos y no la encontramos.

El cementerio no le dio miedo, al contrario. Le daba curiosidad ver las tumbas pequeñas cercadas con cunitas siniestras. Me preguntaba los nombres de los niños y la edad que tenían cuando murieron.

La tumba más reciente era de un muchacho de 28 años, su epitafio decia que lo recordaban sus padres, hermanos e hijos. Tenía una cruz de madera que había sido colocada tres semanas antes, sobre ella descansaban unos lentes de sol. Me sorprendió que nadie se los hubiera robado.

Hoy con sus cinco añitos fue a visitar a los ancestros paternos.

A su edad, y hasta los quince dormí con la luz encendida porque me daba terror la oscuridad. Me daba miedo halloween, y el video de Thriller de MIchael Jackson. Me daba miedo la mujer que se le aparecía a los taxistas en la Cuesta Blanca. Hace menos de una semana me salí del cine en una película de terror, luego de hacer varios cálculos y de concluír que prefiero evitar el sufrimiento.

A su edad yo jugaba con muñequitos inofensivos, en cambio ella tiene una Catrina de barro con la que juega a la par de las Barbies. Yo evitaba a toda costa la carta de la loteria que tuviera a La Muerte o La Calavera pero a ella le gusta la que tiene a las dos y es con la que juega. Le gustan los huesos, le gusta senturlos y tocarlos a través de la piel, le encanta ver ilustraciones del sistema óseo. Tiene cinco años. Yo tengo treinta y todavía espío el asiento trasero para ver si no se me subió un fantasma en la Cuesta. Soy una vergüenza.
La tierra se mueve.
Nuevo temblor hoy, 2:11 pm (no lo sentí), 4.9 grados Richter.

Epicentro aqui enfrentito en el mar.

Ver mapa:

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sábado, 15 de octubre de 2005

jueves, 13 de octubre de 2005

Una blusa gris.
Una colcha rosa.
Una cama blanda
Unas cortinas blancas.
Un pequeño tiradero multicolor en el closet.
Una lámpara con luz amarilla.
Dos manos con uñas recien cortadas.
Una liga roja.
Una lista.

La blusa descansa dentro de la colcha que está sobre la cama, justo al lado de las cortinas que impiden que los vecinos vean el tiradero del closet. La lámpara encendida ilumina las manos (resalta la liga en la muñeca derecha) que escriben la lista.
Con uniformes de futbol verde corren sobre la carretera. Son niños. Es tarde. Al pasarlos veo que jadean, quisiera una luz roja para verlos mejor. Por lo menos una amarilla. Verde (disminuyo la velocidad), verde (freno esperando que algo se atraviese), verde (acelero).